lunes, 21 de abril de 2008

LA CIUDAD, EL VIENTRE Y EL PEZ




Pez reafirma la importancia de Dreyfus en el panorama actual de la poesía peruana contemporánea. La autora de Memorias de Electra (1984), Placer fantasma (1993) y Ónix (2001), nos muestra esta vez el resultado de representar, por medios poéticos, la germinación de un poema, la gestación de un embrión (su hijo) y la experiencia subjetiva de vivir y ser parte de una ciudad (Manhattan) a lo largo de 46 páginas y de un sola composición poética de innumerables variaciones rítmicas.


Pez, más que un poemario es un solo poema, un conjunto de estancias en torno de dos temas que se entrelazan: la gestación de un hijo en el vientre de la madre cuya voz habla en el poema, y la gestación de un siniestro en la ciudad de Nueva York. Ambas culminan y emergen a la luz en el noveno mes del año, un 11 de septiembre.




Se trata de un poemario que articula sus vibraciones fundamentales en torno de la presencia/ausencia de ese umbrío vacío (la Zona Cero es el fantasma que no se enuncia, pero se tantea vertiginosamente, como las posibilidades cognitivas del embrión antes del lenguaje, como lo que es el poema antes de escribirse).

Lo anterior tiene por efecto plantear que el proceso de la escritura asemeja a la preñez del nonato y que la gestación embrionaria y la destrucción de Manhattan es un desarrollo textual en el que el feto/poema/ciudad irá adquiriendo distintos tipos de presencia según los contextos que se presentan en el poemario.

Dreyfus plantea la encrucijada de una ciudad/embrión/poema producto de la proyección ajena, del acto del deseo que no se satisface y se tiende al vacío para perpetuarse o hacer poesía; en resumidas cuentas, un espejismo incapaz de sentir por sí mismo, de sufrir la realidad de la contingencia y la responsabilidad de la autonomía: “la onírica visión que te atormenta la asimilas en mí de mi cinema” (13).

Estamos, pues, ante el soporte del milagro de la vida virtual, fantasma y embrión que reside en lo más profundo de quien enuncia el poema y que, en última instancia, es también la base que sostiene la identidad de la voz poética: “Eres porque te sueño y te acaricio te modelo y en ti nazco” (46). El enunciador de Pez se justifica como tal en el hijo por venir, en el poema por venir y, se entiende, en la ciudad reconstruida por venir (una nueva Manhattan vista a los ojos del hijo/poema escrito). Aquí, el carácter ilusorio, fundamentalmente imaginario, de los tres objetos subtendidos por los paralelismos es también su posibilidad de supervivencia.

La ciudad por venir, objeto del poema, paralelo del poema, ha ido a terminar entre ruinas fantasmales cuya presencia traumática la hace imagen precaria y caótica como el estadio fetal al que se accede mediante el análisis más hondo de la conciencia. Pero, debe entenderse, este círculo no es vicioso, sino virtuoso: la condición fantasmal que sella principio y fin es el requisito de la germinación continua, de la atmósfera del vientre materno y del camino que puede recorrer el pez-embrión — a fin de cuentas, el futuro hombre — por sendas siempre nuevas.
Columna: La vaca profana en Portal Terra.cl